Inspiraciones de Julio Cortazar
Él mismo confesó que no tiene ningún tipo de control o disciplina para escribir; escribía cuando se sentía inspirado. Casi siempre componía todo el cuento en la mente y ya sólo restaba escribirlo cuando tuviera la oportunidad. Los sueños fueron buena fuente de inspiración para sus escritos; gustaba de la teoría psicoanalítica de Sigmund Freud y de las teorías de Jung.
Fue influenciado por el movimiento surrealista, después de leer Opio, escrito por Jean Cocteau. Fue parte integral del Boom latinoamericano (una de sus cuatro grandes figuras) y comentó una vez que este fenómeno se dio cuando los lectores latinoamericanos comenzaron a leer a los escritores latinoamericanos e hizo comentarios modestos como: "...eso que se ha llamado 'Boom' ha sido tan exaltado, tan puesto en un primer plano, que ha creado, en algunos escritores consagrados y en otros que no lo son, pero que están haciendo su trabajo, una especie de sentimiento de triunfo previo. Es decir, el hecho de ser guatemalteco, argentino o mexicano es ya un título de superioridad literaria; lo cual es una lamentable y peligrosa equivocación...". Antes de eso, los latinoamericanos leían en su mayor parte a los europeos; en la década de comienzo del Boom empezaron a leer a sus compatriotas. El boom latinoamericano fue, entre otras cosas, una modificación del movimiento modernista y la época de mayor esplendor de la literatura latinoamericana. Julio Cortázar es uno de los cuatro grandes escritores de este fenómeno, junto con Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Consideró un maestro y un inspirador a Jorge Luis Borges; aunque sus propios escritos tenían unos temas y un estilo diferente, hay temas comunes con la obra de ese autor como son: visión no lineal del tiempo, los laberintos, la mitología, la hiperrealidad, entre otros. Borges publicó un cuento de Cortázar, Casa tomada en Antología de la literatura fantástica y su revista Sur. Borges siempre se sintió orgulloso de haber publicado un cuento del que algún día sería un gran escritor.
“Su amor por la música se nota en cómo aparece en sus personajes más queridos”, subraya Heker en la película, y alcanza con pensar en las discusiones jazzeras y trasnochadas que sostienen los miembros del Club de la Serpiente en Rayuela o en los discos que Horacio le propone o le impone a La Maga. Mientras tanto, Vargas Llosa recuerda cómo Cortázar se encerraba en una habitación a jugar con su trompeta y Fernández evoca al escritor a la salida de una sesión de jazz en el París de los cincuenta, caminando por la Ile de la Cité y tocando algún instrumento de viento imaginario.

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