La continuidad de los parques.
Un hombre vuelve en tren a su finca después de resolver negocios, trata con su mayordomo sobre aparecerías y le escribe a su apoderado. Se sienta en su sillón de terciopelo verde ,su preferido, que da la espalda a la puerta y se pone a leer una novela que está a punto de terminar.
Se separan a la salida de la cabaña, ella va para un lado y él para otro, sale corriendo entre los setos y los árboles para llegar a una casa. En el camino, los perros no deben ladrar y el mayordomo no debe estar: todo se cumple como lo han planeado. Sube el porche y entra a la casa. Recuerda lo que le dijo la mujer: primero una sala azul, luego una galería, una escalera alfombrada y al final dos puertas, no habrá gente en las habitaciones. Una vez que entra en la última habitación con el puñal en la mano, ve a un hombre de espaldas a la puerta sentado en un sillón de terciopelo verde leyendo una novela.
En este momento es cuando como lector te das cuenta de que el hombre en el sillón es la víctima del protagonista de la novela.
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